En un día de lluvia, una mesa de un bar siempre es un buen escenario para tratar de arreglar el país. Café de por medio, con el impermeable mojado apoyado sobre una silla contigua, allí estábamos con Baigorria, “el último unitario”, cuando me dijo: - “Somos la generación del boleto picado”. -¿Cómo es eso? le pregunté. Y el hombre, con la retórica del sofista, alegó: -“Que la chance estuvo y la desaprovechamos, amigo. En este tute nos cantaron las 40 y no queda otra que ir a menos. Hasta que no entendamos eso y pensemos en arreglar este guiso para los que vienen, no se verá salir el sol en nuestro suelo”. Ante mi mirada ansiosa, siguió argumentando: - “Hoy, aunque el sentido común y la ciencia muestren el mejor camino, las anteojeras de los intereses propios hacen que no salgamos de la ruta del fracaso colectivo. Cualquiera sabe que no se puede gastar más que lo que se tiene; que ha empeorado la distribución del ingreso; que no puede existir un sistema impositivo basado fundamentalmente en el consumo y que la inflación sirve para licuar sueldos y jubilaciones. También, que los códigos de fondo nacionales son inoperantes frente a las interpretaciones de los códigos procesales que hacen los jueces en cada provincia. Hoy un amparo de un juez de paz paraliza cualquier ley del Congreso. Es un desquicio”. –¡Siga, Baigorria, siga, por favor!, le dije. Tomó una cucharita y mirándose en ella como en un espejo, agregó: -“Sabemos todos que hay que hacer una ley de financiamiento de la política para terminar con el choreo para el partido y con el ‘no podés hacer política si no tenés plata’. También, que la boleta única es un imperio de la igualdad democrática y que los candidatos, como su nombre lo indica, deben presentarse como en el senado romano, cándidos, con un blanco sin máculas del pasado”. Lo vi mirar su reloj, dejar la cucharita en el platillo como marcando las 12, acomodó su pañuelo de cuello, se puso de pie, tomó el impermeable y con tono de despedida susurró: -“Ya pasó el chancho y nos picó el boleto. A usted, a mí y a toda nuestra generación. Los que tienen poder deben entender que hay que armar algo hacia adelante, asumiendo que en esta perinola todos deben perder un poco o cada vez serán más los que se queden en el andén”. El hombre se fue y me dejó enredado en sus ideas; fue entonces cuando la voz del mozo me sorprendió: -“¡Parece que está parando la lluvia, mañana estará mejor!” -¡Ojalá -dije yo- Ojalá! La cuenta, por favor..
Miguel Ángel Reguera
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